volviendo

Son las tres de la mañana y no hay luna, salgo de mi casa envuelta en mis pensamientos, de repente se dispara una tormenta y sin saber donde refugiarme y sin la menor intención de volver a mi casa entro a un oscuro bar.

Me siento en el mostrador. Miro a mi alrededor veo que hay unos quince hombre y sólo dos mujeres, esas mujeres de vida nocturna y billetes en el escote. Pido una cerveza, porque creo que no da para tomar gaseosa. Mientras tomo del pico de mi botella (si alguien me hubiera avisado que las chicas “bien” no toman del pico de las botellas quizás el final de esta historia seri distinto) y mientras pienso en lo rutinaria y aburrida que se ha tornado mi vida desde que decidí dejar “mi puta costumbre” de ser infiel, desde que abandone la lujuria, para convertirme en una “típica” ama de casa de los años 50. Un tipo se me acerca. Yo que ya me había imaginado que eso iba a pasar, tenía pensada una respuesta, negativa obviamente.

-Mira bombón, le dije, sos un muchacho muy bonito, proseguí sin siquiera miarlo, pero a mi me gusta el rocé de los agujeros y los labios con rush.

- y eso desde cuando? me interrogo, a la vez que agrego. Cuando estabas en mis brazos jamás dijiste eso, Carina.

Al oír mi nombre alce la cabeza de repente y lo mire. No conocí el rostro, pero obviamente el a mi si me conocía. Mientras mi mente bajaba en el backup de nombres y rostros. Me tomo con fuerza de un brazo y me empujo fuera del bar.

Todavía me pregunto porque no grite, porque no trate de zafarme. Seria que todavía trataba de saber quien era ese personaje que sabía mi nombre, que me conocía, que obviamente sabía quien era yo antaño.

Me llevo a un patiecito que había detrás del bar. Me empujo contra la pared y comenzó a besarme y a tocare los pechos. Sin dejarme decir nada. Me acariciaba con brusquedad, apretándome los senos con fuerza.

Me desprendió le Jean y metió su mano dentro de mi pantalón, acariciándome la vagina. La situación ya me había superado. Y mientras la llovizna me iba mojando de a poco.

Me hizo agachar y desprendió su pantalón y amarrándome de los pelo llevo a mi cara a su pija. Esta no era de gran tamaño, era casi normal de tamaño. Comencé a chuparla. Con cada lamida me iba mojando por dentro mas de lo que estaba por fuera. La chupe con sumo placer durante unos cinco minutos, hasta que el me agarro de los pelos y me obligo a pararme.

Me puso de espaldas me bajo el pantalón y sin mediar palabra me metió su muy parada pija en la vagina. Después de un par de movimientos la saco, a lo que argumente no, - la saques! Sin responderme, me la apoyo en la cola. Y lentamente comenzó a hacer presión. Sentí un dolor intenso, mezclado con algo de ardor y mucho pacer. Suspire y gemí a la vez. El tomo eso como un signo de aprobación y empezó a empujar más. Sentí entrar la cabeza entera y ya no quería que se detenga. Él empezó a moverse despacio, como un experto. Me hacia gritar de placer. Me hizo agachar un poco más y me empujaba de atrás a delante agarrada de los hombros. Cada vez me empujaba más fuerte. Yo empecé a acariciarme el clítoris con fuerza. Tras un par de minutos ya no pude mas y con unos violentos espasmos anales y unos cuantos gritos acabe. El cada vez mas excitado, me hecho su leche en el culo. Se subió los pantalones y se fue, sin decirme nada. Me quede con los pantalones bajo y las manos apoyadas en la pared, completamente ida, muy agitada y aun excitada. Tarde un par de minutos en reponerme. Me arregle la ropa y volví al bar a buscarlo. Pero no conseguí verlo. Cuando dos tipos se me acercaron, supe que esa noche no había terminado aun… (Continua)

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Igual siempre me gusta perder un poco la cabeza, dejarme llevar por un rapto de locura. Por un deseo adolescente. Aunque diez minutos después entienda que no vale la pena.

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Retomando la vida de los vivos. Le voy a comentar que ahora otra vez tengo un solo trabajo. Lo que me da tiempo de sobra para volver a escribir.
Quiero empezar una novela. Estoy tratando de desarrollar personajes. Si bien mi vida personal (de la que este blog es mudo testigo) alcanzaría para escribir una novela. Pienso escribir la vida de otras mujeres cercanas a mi.
Y voy a ir publicando de a poco lo que valla escribiendo.

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sumando boludeces a la lista



Que yo tengo una tendencia suicida, es algo muy claro para todo el mundo, menos para los 6 psicólogos que me practicaron los diversos test en mi vida (pero el mambo con los psicólogos es otra cuestión). Esta tendencia es la única manera de explicar porque insisto en hacer algunas estupideces, que últimamente, hasta casi podría decir que sistematice.
Se los voy a explicar:

El martes subo a un colectivo cualquiera (todos los que pasaban por esa calle me llevaban a mi trabajo) y como siempre, saludo con una sonrisa y una frasecita del tipo –“buenos días, como se
encuentra, me da un pasaje hasta….”- me siento, (porque mi maldita mochila pesa mas que una ballena.) y viajo los siete minutos hasta mi trabajo.
Cuando bajo, lo hago por la puerta de adelante, y miro por el espejo al chofer, era muy lindo… lo vuelvo a mirar, el mira, yo sonrío, él sonríe y lo saludo, como saludo a todos los demás, con un –“ graaaacias, que tenga un bonito día…”- hasta acá nada de otro mundo.
Salgo de trabajar, y mientras espero el Bondi Nº 6 aparece el Nº 3, que frena de golpe, sin que nadie quiera subir o bajar, y desde adentro el que maneja me dice – “subí que te llevo-“ a lo que respondo sin mirar, ni pensar: - no, tengo que tomar el 6, a lo que me contesta, dale hasta Quilmes aunque sea!-
Alguien me puede explicar que endemoniada fuerza se apodero de mi, que me subí a ese colectivo.
Charle con el chofer de manera muy amena, hasta el Cruce Varela. Que esta bastante mas lejos que Quilmes.
Y en los últimos días ya tome ese colectivo 4 veces completamente a drede, siempre viajo charlando con el chofer.
Sabiendo como va a terminar esta historia, no lo evito.
Y otra vez estoy apostando en la ruleta rusa, mi matrimonio, arriesgando, además, mi corazón, mi integridad y mi buen nombre. Mostrándole al mundo que no consigo usar ese maldito monosílabo. Y con ello atormentando mi alma, que a esta altura ya tiene comprado un edificio entero en pleno centro del infierno.

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