Se los voy a explicar:
El martes subo a un colectivo cualquiera (todos los que pasaban por esa calle me llevaban a mi trabajo) y como siempre, saludo con una sonrisa y una frasecita del tipo –“buenos días, como se
encuentra, me da un pasaje hasta….”- me siento, (porque mi maldita mochila pesa mas que una ballena.) y viajo los siete minutos hasta mi trabajo.Cuando bajo, lo hago por la puerta de adelante, y miro por el espejo al chofer, era muy lindo… lo vuelvo a mirar, el mira, yo sonrío, él sonríe y lo saludo, como saludo a todos los demás, con un –“ graaaacias, que tenga un bonito día…”- hasta acá nada de otro mundo.
Salgo de trabajar, y mientras espero el Bondi Nº 6 aparece el Nº 3, que frena de golpe, sin que nadie quiera subir o bajar, y desde adentro el que maneja me dice – “subí que te llevo-“ a lo que respondo sin mirar, ni pensar: - no, tengo que tomar el 6, a lo que me contesta, dale hasta Quilmes aunque sea!-
Alguien me puede explicar que endemoniada fuerza se apodero de mi, que me subí a ese colectivo.
Charle con el chofer de manera muy amena, hasta el Cruce Varela. Que esta bastante mas lejos que Quilmes.
Y en los últimos días ya tome ese colectivo 4 veces completamente a drede, siempre viajo charlando con el chofer.
Sabiendo como va a terminar esta historia, no lo evito.
Y otra vez estoy apostando en la ruleta rusa, mi matrimonio, arriesgando, además, mi corazón, mi integridad y mi buen nombre. Mostrándole al mundo que no consigo usar ese maldito monosílabo. Y con ello atormentando mi alma, que a esta altura ya tiene comprado un edificio entero en pleno centro del infierno.






